El pasado jueves, el gobernador de Michigan Rick Snyder anunciaba la mayor suspensión de pagos municipales de la historia de los EEUU y autorizaba la solicitud de bancarrota de Detroit. Rock Snyder decía literalmente que tras 60 años de declive, Detroit está roto.
Los servicios públicos están a niveles tercermundistas. La policía no es capaz de atender las llamadas de los ciudadanos, los bomberos no pueden certificar la seguridad de las escaleras hidráulicas ni hay suficientes ambulancias en la ciudad. El 40% del alumbrado público no funciona, hay más de 80.000 edificios abandonados y el 36% de sus habitantes vive por debajo del umbral de la pobreza. Cines, colegios, auditorios, parques, iglesias abandonadas y escaparates rotos nos hacen pensar en una escena de una película de zombies, o quizás más concretamente en la película de Robocop, que muestra una Detroit en quiebra en manos de la corporación OCP.



